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 DE MEMORIA ISABELO HERREROS 
DE MEMORIA

No todas las ideas son respetables, a propósito de la masacre de París

16/01/2015 . Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a del.icio.usAñadir a YahooRSS
Como era de esperar, los criminales atentados de París contra el semanario satírico Charlie Hebdo y contra un comercio judío, sin olvidar el asesinato de una mujer policía, han concitado la atención de todo el mundo. Es muy posible que esa sea la segunda pretensión de los fanáticos yihadistas, o la de quienes les adoctrinaron y enviaron al paraíso de Alá, eso sí, llevándose por delante la vida de unos pacíficos dibujantes, la de los policías que les custodiaban, así como la de unos ciudadanos que hacían su compra de alimentos. Hemos podido leer y escuchar análisis de todo tipo, pero, pasados los días de duelo y la multitudinaria manifestación de repulsa del pasado domingo, es el momento de afinar mucho, y también de señalar la responsabilidad, en el nacimiento y expansión del islamismo más fundamentalista, de quienes desde hace más de dos décadas se han dedicado, con distintos intereses, a "arreglar el mundo", léase EEUU y sus aliados europeos. Pero, en primer lugar quiero hacer una breve aproximación a lo que significa la prensa satírica en los países que puede existir, y aún así siempre a pesar de los gobiernos, de los poderosos y de las confesiones religiosas, en particular las teocráticas, incluida la católica, que siempre ha tratado, como las otras, de llevar al código penal sus pecados y preceptos, como es el caso de la blasfemia.

En nuestro país la prensa satírica, tuvo una larga tradición, al menos desde comienzos del siglo XIX hasta el final de la guerra civil. El humor impreso daba para mucho, y hubo publicaciones que, fundadas en los tiempos de la Restauración, prolongaron su vida hasta 1939, como fue el caso de L`Esquella de la Torratxa. Centenares de cabeceras podemos encontrar, algunas de vida efímera; si hay algún lector interesado en la historia del humor hispano le recomiendo el libro de José María López Ruiz Un siglo de risas. 100 años de prensa de humor en España. 1901-2000. Aunque también hubo humor de derechas, como Gracia y Justicia, lo cierto es que abundaron las publicaciones de sesgo republicano o anarquista, que tenían en común su denuncia de los abusos del régimen político de la Monarquía borbónica, así como de su fiel aliada, la Iglesia católica.

Lo que hubo después de la guerra tenía demasiadas limitaciones, a pesar del continuo ejercicio de inteligencia por parte de los humoristas para burlar la censura. La Codorniz está en la memoria de las generaciones que conocieron el franquismo, pero echar una vista a sus páginas es encontrarnos con una auto-limitación insoportable, es decir, nada de política, ni de crítica a la Iglesia o el Ejército, ni por supuesto a la Justicia. A pesar del férreo control de la censura el semanario de Álvaro de la Iglesia traspasó a veces la raya marcada, y por ello sufrió procesos, sanciones, cierres y secuestro de ediciones. El miedo no era entonces a unos fundamentalistas religiosos, sino al propio Estado, investido de la doctrina del nacional-catolicismo. Habían sido fusilados en los años cuarenta varios humoristas, el más célebre Carlos Gómez Carrera, que firmaba Bluff, ejecutado en Valencia en 1940, junto al director de La Traca, Vicent Miquel Carceller. Bluff era un republicano moderado y azañista, que jamás empuñó otra arma que un lápiz, pero fue acusado de utilizar con maldad "el doble sentido", y así, aparte de sus caricaturas de Franco durante la guerra, fueron documentos inculpatorios unos dibujos publicados en la revista penitenciaria Redención, en los que, según la perversa mentalidad de los acusadores, se insinuaba un enfrentamiento entre falangistas y carlistas.

Durante la transición a la democracia se produjo una eclosión de revistas de todo tipo, también satíricas, como Por Favor, El Jueves, Butifarra o El Papus. Esta última, adalid del aperturismo erótico con sus celebres portadas, sería víctima de un atentado criminal de la extrema derecha en 1977, en el que hubo un muerto y varios heridos. Al día de hoy continua sin esclarecerse la autoría de aquel intento de masacre con un potente paquete bomba. El Papus era irreverente y, en la línea de sus referentes franceses, estaba contra todos los poderes establecidos, gobierno, banqueros, militares u obispos. A partir de ahí ni El Papus ni ninguna otra revista de humor fue lo mismo; el miedo se volvió a instalar en el colectivo de profesionales del humor. Estamos hablando de unos tiempos no tan felices como se nos vende por parte de la historia oficial; había un terrorismo de extrema derecha, con anclajes en los aparatos del Estado, y el terrorismo etarra, que ha llegado hasta el otro día. Todas aquellas bandas criminales mataban y mataban sin parar, eso sin contar el gatillo fácil de las llamadas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, con episodios como Vitoria o la matanza de Almería.

En tiempos algo mejores, 1984, nació en Madrid El Cocodrilo, a imagen y semejanza del semanario francés Le Canard Enchaîné. Por entonces no aparecía Charlie Hebdo, ya que había dejado de publicarse en 1981 y no renacería hasta 1992. Trabajé como redactor en el semanario El Cocodrilo, desde su nacimiento hasta su desaparición en 1986. Puedo decir con perspectiva que ha sido el periodo de mi trayectoria profesional más apasionante y libre; la libertad con la que se trabajaba en aquella casa daba vértigo. No solo imitábamos, salvando las distancias, a nuestros colegas franceses, si no que a veces recibíamos colaboraciones suyas, y, tanto el primer director de la revista, el genial Vázquez de Sola, como su sucesor, Jesús Ynfante, habían trabajado durante su exilio parisino en el prestigioso y casi centenario Le Canard. El editor y fundador de aquel semanario, Eugenio Suárez, natural de Daimiel y fallecido hace unos días en Asturias, tenía como lema que la obligación de un periodista es estar contra el poder, sea del signo que sea. Llegamos a plantear, en aquellas asambleas de redacción, a las que siempre asistían Chumy Chumez y Santiago Amón, hacer lo que hacía Le Canard cuando el gobierno francés cambiaba de color político, y que era entregar la jefatura del semanario a los redactores del signo contrario. Aunque no tuvimos afortunadamente ningún atentado, sí sufrimos amenazas de todo tipo, y varias querellas criminales interpuestas por la Fiscalía, muy celosa siempre de salvaguardar la imagen de la Casa Real, y que El Cocodrilo se atrevía a poner en solfa, al igual que a todo el arco político, en particular con los escándalos de la corrupción, las contratas y tratos de favor de la administración socialista, que ya entonces daban para mucho. Desaparecido El Cocodrilo puede decirse que no ha habido desde entonces prensa satírica, pues publicaciones como El Jueves están más en el terreno del cómic, del humor gráfico, y por tanto alejadas del periodismo, y del papel de denuncia característico de tantas y tantas cabeceras a lo largo y ancho de Francia, Italia, Alemania o Suecia. Sí puede decirse que la reciente Mongolia, aún mensual, es heredera de la tradición que hemos citado y colega por tanto de Charlie Hebdo y Le Canard Enchaîné.

He escuchado atentamente las declaraciones de los mandatarios extranjeros que acudieron a la manifestación de París, incluidas las del un lector del Marca llamado Mariano Rajoy. Todos se han pronunciado con condenas contundentes contra el terrorismo y poco más. Era lógico por otra parte que quienes no permiten en los países que gobiernan la existencia de la sátira y la libertad de expresión, se limitasen a condenar los asesinatos, pues hubiera sido obsceno que hablasen además de libertad de expresión. Conocemos a través de organismos como Amnistía Internacional el tipo de torturas que aplican a los periodistas disidentes en países como Arabia Saudita y resto de las monarquías petroleras, y como se les vuelve a perseguir en Turquía o Egipto. En Europa no es igual, pero tampoco hay, salvo en Francia, tolerancia respecto a la sátira mordaz y trasgresora de revistas en la línea de Charlie Hebdo. Sin ir más lejos, en España la Fiscalía actúa de inmediato en cuanto una portada se atreve a representar a algún miembro de la Familia Real en posición ridícula o contraria a lo que consideran "el buen gusto". Lo que quiero decir es que una cosa es condenar el terrorismo y otra distinta solidarizarse de verdad con las víctimas de la barbarie y su concepción de la libertad.

Para referirme al fariseísmo del propio gobierno francés hablaré de Tombuctú, sí, lector, y enseguida lo va a entender. En un libro de reciente aparición, de un amigo escritor y gran viajero, Raul Peña, y que lleva por título Espejismo solar. Tras la huellas de Yuder Pachá, el morisco que conquistó Tombuctú, se cuenta una historia de empieza a finales del siglo XVI y nos relata como llegó a esta milenaria ciudad africana, patrimonio de la humanidad, una fabulosa colección de manuscritos árabes, hebreos o aljamiados; otros de autores andalusís o renegados cristianos, de las más variadas disciplinas, como religión, derecho, medicina o transacciones comerciales, y, una de las joyas de la corona, un Corán de caligrafía almohade, que procedía de Toledo, como otros muchos tesoros de esta singular biblioteca. Las peripecias que ha sufrido la colección a lo largo de los siglos, y como ha habido siempre un héroe que la ha salvado del salvajismo o la rapiña de los invasores, darían para una película con más interés que las de la serie de Indiana Jones. Pues bien, la ultima peripecia, de la que aún no tenemos toda la información, tuvo lugar en 2012, tras la toma de la ciudad por tropas yihadistas, que implantaron la sharia, mataron y torturaron a quienes les pareció, y destruyeron milenarias tumbas con el pretexto de que no podían ser más altas que la de Mahoma; también derribaron las mezquitas que no les gustaron, algunas del siglo XV. Cuando Francia reaccionó, y envió tropas para detener el avance de la barbarie, los soldados galos pudieron comprobar que el armamento ligero y pesado que portaban los islamistas era de procedencia francesa, es decir, el mismo que había regalado su gobierno a los grupos rebeldes de Libia y Siria. No hacía tanto el propio presidente Hollande había recibido en el Eliseo a una delegación de la oposición siria, en la que figuraban jefes de sectas islamistas, y quedó tan contento que anunció incluso la próxima apertura de una embajada de los rebeldes que combaten al gobierno de Bashar al Asad. He citado unos hechos no tan lejanos, para que no se diga que traigo a colación la invasión de Irak por los EEUU como origen de todos los males, o el apoyo y crianza de Osama bin Laden por la CIA en el Afganistán de los ochenta.

Termino estas líneas manifestando mi dolor por la pérdida de unos colegas extraordinarios, a manos de la intolerancia religiosa, y que ha sido un crimen tan monstruoso que no caben peros, ni discursos que lleven a formular critica a la actitud irreverente y corrosiva de Charlie Hebdo. Quienes sobran en una sociedad libre, democrática y tolerante, son precisamente aquellos que anteponen sus preceptos religiosos a los valores y principios laicos. Sobran aquellos que además quieren imponer su fe a los demás por la fuerza, empezando por los curas, ulemas o rabinos que envenenan a sus fieles, diciéndoles que una caricatura representando a un díos o profeta es una ofensa grave, o que la vida de los infieles, de aquellos que no comulgan con su fe no vale igual que la suya. Es un principio asumido hoy por los organismos internacionales de derechos humanos que todas las ideas no son respetables, y que el buenismo de ser tolerantes con los intolerantes no conduce a otra cosa que al envalentonamiento de estos, si ven que se les consiente, en la Europa de las libertades, tratar a las mujeres como seres inferiores, llevarlas totalmente tapadas o imponer en hospitales y escuelas su credo, por poner un ejemplo.
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