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 DE MEMORIA ISABELO HERREROS 
DE MEMORIA

El cuarteto de la Moncloa, ¿o es sexteto?

29/01/2016 . Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a del.icio.usAñadir a YahooRSS
Las elecciones del pasado 20 de diciembre pasarán a la pequeña historia de este país, ese en el que, según nuestro presidente de Gobierno, hay gente que son “muy españoles y muchos españoles”, y que dijo en una de sus frecuentes tautologías. Soy de los que no me creía las encuestas, pues no se había dado nunca, quiero decir  de 1977 para acá, una situación parecida. Las legislaturas en las que hubo otros partidos de ámbito nacional con representación relevante en el Congreso de los Diputados, además de los dos del turno, primero UCD-PSOE y después AP (PP desde 1989)–PSOE, apenas pasaron de veinte escaños o no llegaron, como fue el caso del CDS en 1986 con casi dos millones de votos y 19 escaños, o la Izquierda Unida de Anguita, que en 1996 tocaría techo con algo más de dos millones seiscientos mil votos y 21 escaños. La ley electoral vigente hace muy difícil que un tercer partido tenga representación en las circunscripciones en las que se eligen cuatro o cinco diputados.
 
Me he acordado estos días de cuando vino a Toledo Rafael Arias Salgado (actual gran jefe de Carrefour), poco antes de las primeras elecciones de la actual democracia, y nos explicó a los periodistas la Ley por la que se iban a regir los comicios; insistió en que iba a servir para consolidar para cien años un sistema político estable, de grandes partidos moderados, como en Alemania o Inglaterra. Y en esas estábamos, ya en la segunda década de este siglo XXI, cuando se rompió la predicción, sin haber llegado siquiera a cincuenta años de vigencia el nuevo artificio legal de mañas electorales. Veremos si los nuevos actores de la política cumplen sus promesas de campaña y elaboran un sistema más justo; claro que también lo prometió Alfonso Guerra, cuando aún estaba el PSOE en la oposición a Adolfo Suárez; los más veteranos recordarán aquello de que “En España votan las hectáreas”. Lo cierto es que, si "tout va très bien”, ningún problema; ya hubiera querido tener a mano tan eficaz herramienta aquel ministro de la Gobernación de la restauración, Romero Robledo, y que ha pasado a la historia como el paradigma de la marrullería electoral. Trabajo tenía no obstante el taimado personaje, pues las circunscripciones eran los partidos judiciales, con lo que  se veía obligado a mantener engrasada una maquinaria de “corresponsales”, dirigida en cada provincia por el gobernador civil, y bajo su mando alcaldes, funcionarios y caciques locales, para hacer bien el reparto de escaños entre conservadores y liberales, y que los resultados cuadrasen con lo que se cocinaba en el ministerio,  en cumplimiento del pacto de la alternancia de Cánovas y Sagasta.
 
El caso es que los resultados de las últimas elecciones han situado a la política española en un escenario muy complicado,  del que no hay antecedentes, por mucho que algunos analistas nos quieran convencer de que el electorado no se equivoca, y que es un mandato para que haya diálogo y acuerdos. Ninguno de los actores o personajes de esta comedia da la altura, y por ello no llega a drama; ni siquiera nos podemos divertir con la analogía de los Seis personajes en busca de autor de Luigi Pirandello. ¿Pero no son cuatro los personajes de aquí? (Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera) dirá el lector. Sí, claro, pero hay dos más que pugnan por aparecer y pueden complicar  las cosas. El quinto es el presidente de la Generalidad de Cataluña, un tal Carles Puigdemont, y que hará lo imposible para que le den papel, bajo amenaza de boicotear la representación; y el sexto personaje es Luis Bárcenas, y que es algo así como el nombre colectivo de una banda organizada para saquear arcas públicas, y que cambia de nombre cada semana, en esta se llama Alfonso Rus, y puede que otro día se llame Cañete o Cristina de Borbón, y, si llega el caso alborotará el gallinero mediático, según quien esté en ese momento en el escenario, sobre todo si es Rajoy.
 
Hay otro personaje que no tiene papel alguno, solo como firmante, según la Constitución, pero que quiere jugar a la alta política, tal y como hizo a veces su padre, con resultados castizos pero de dudosa conveniencia diplomática, como fue aquella del “¿por qué no te callas?” en 2007, en una cumbre iberoamericana, al interrumpir a Hugo Chávez,  presidente electo de un país soberano, Venezuela. Ahora es otro el titular de la jefatura del Estado, pero los mandatos constitucionales relativos a su papel son los mismos. Es decir, no es el Rey quien tiene que sopesar a quien encarga formar gobierno. Efectivamente, tal y como está regulado en el artículo 99 existe el protocolo, más ceremonial que otra cosa, de la recepción en Palacio de los representantes o portavoces de los partidos parlamentarios, pero este es un acto que carece de validez si no va refrendado por una autoridad del Estado, en este caso el presidente de la cámara baja, léase Patxi López, tal y como dice el artículo 64, de modo muy claro: “La propuesta y el nombramiento del Presidente del Gobierno, serán refrendados por el Presidente del Congreso”. Y concluye el artículo en su apartado 2, del siguiente modo: “De los actos del Rey serán responsables las personas que los refrendan”. Quiero decir con lo anterior que sobran pleitesías cortesanas, y también todas las tonterías que se están diciendo estos días acerca de lo que debe o no hacer el Rey. Es el presidente del Congreso quien debe de jugar el papel que le toca, y es quien debe de recordar a los aspirantes a presidente las reglas del juego, y que son comunicarle a él si tienen o no los apoyos necesarios. El sainete de Pablo Iglesias, contándole al Rey en plan colega su proyecto de Gobierno, supera lo imaginable en política; si estuviéramos en teatro estaríamos ahora con Eugène Ionesco, genuino representante del teatro del absurdo en los años cincuenta y sesenta; se me ocurre La cantante calva, obra en la que hay unos diálogos disparatados, particularmente el protagonizado por el capitán de los bomberos. Ni a quien asó la manteca -por mucho que quieran los de Podemos dar la nota todos los días-, se le ocurre hacer pública la composición de un gobierno sin que lo sepa el que lo tiene que presidir, y, para acabar de emular al capitán de los bomberos, va y lanza unas cuantas diatribas contra los dirigentes del partido con el que quiere pactar un gobierno. El papelón de Pedro Sánchez el día de autos es para nota, también el del repollo de su secretario de Organización, el riojano César Luena, y no me extiendo en relatar lo que los lectores han visto por tv, en particular la “facundia” del citado fontanero.
 
El último de la ronda de consultas, el presidente en funciones, señor Rajoy, compartió con el monarca el ridículo a que fue sometida la soberanía popular ese día. El rey no podía encargar a Rajoy formar gobierno si no tenía por escrito la comunicación del presidente del Congreso en ese sentido, es decir aquí no estamos en Portugal, pongamos por caso, donde el presidente de la República puede encargar la formación de un ejecutivo a quien no tiene los apoyos necesarios, como hizo recientemente Anibal Cavaco Silva, en un intento de apuntalar a la derecha en el poder, lo que provocó la formación del actual gobierno de coalición izquierdista. Sobraba pues el lacayuno agradecimiento al rey por el encargo de formar gobierno, si es que lo hubo. Sí que hubo declinación pública del encargo, y posterior vuelta atrás, a la espera de tener los apoyos necesarios, lo que no sé si es legal, pues ya supera mis conocimientos en materia constitucional. 
 
Lo que correspondía, tras la ronda de consultas, era una reunión discreta entre el Jefe del Estado y el presidente del Congreso. Se ha hecho todo, también por el presidente del gobierno en funciones, con arreglo a los nuevos tiempos, es decir, con ruido y poco nivel; a lo que hay que sumar un fin de semana de apocalípticas predicciones para España, si se hace “la coalición de los perdedores”, y con vuelta a la falacia de que el PP ha ganado las elecciones. Ganar unas elecciones legislativas es obtener la mitad más uno de los diputados, y Mariano Rajoy se ha quedado muy lejos de ese objetivo, y es por ello que anhela que Pedro Sánchez se acojone ante Susana Díaz, no pacte con Podemos, y se produzca una repetición de elecciones, con la esperanza de que las cosas vayan mejor. Mientras, Rajoy amenaza con bloquear en el Senado la actividad legislativa, cuando sabe que lo único que puede ocurrir es que todas las leyes se retrasen unos meses en su tramitación, pero nada más. Claro que no sé si los conocimientos de derecho constitucional de don Mariano llegan a tanto. Puede que esté muy ocupado, repasando algún libro de Derecho Hipotecario, por si le toca volver a Santa Pola.
 
En fin, endiablado panorama, y nos amenazan con otra ronda de consultas. ¿Alguien sabe para qué, si no conocemos si hay o no candidato con los apoyos necesarios para recibir el encargo de liderar el ejecutivo?  Puede que también nos encontremos con alguna que otra sorpresa, o si no al tiempo.          
13:37.
29/01/2016
¡Magnífico....
...magnífico, magnífico Isabelo!, como casi siempre Si me permites, una pregunta y no me digas que no, que sí, que lo sabes: ¿Y quien la Hijastra y quien el Padrastro pirandellianos?.
P.D.- Quiero recordar que los bienes de la familia A.S. y MONTALVO fueron reinvertidos primero en Prosegur y posteriormente en Carrefour.
Enviado por: Juanelo del Arrabal
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