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 DE MEMORIA ISABELO HERREROS 
DE MEMORIA

En espera de elecciones, y la penúltima batalla del capitán Domínguez

22/04/2016 . Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a del.icio.usAñadir a YahooRSS
En este periodo de interinidad institucional que nos ha tocado vivir, resulta que la vida sigue, lo que es una obviedad, y, parece que de momento, gracias a los bajos precios del petróleo y a lo barato que el Banco Central Europeo suministra el dinero, y a que aún no se han puesto en ejecución los ajustes que pide a las comunidades autónomas el señor Montoro, mandatario-capataz de la troika, pues puede ocurrir que la ciudadanía más crédula se trague lo de la recuperación económica en España y lo de la creación de empleo. Pero como decía, estamos en periodo de interinidad, con gobierno en funciones, y las malas noticias van a tener que esperar a que se forme un gobierno, “acontecimiento histórico” (expresión de moda) que parece que no se va a producir en breve. 

Y mientras asistimos a las representaciones o puestas en escena de encuentros y desencuentros, otras noticias nos recuerdan que la corrupción, la evasión de divisas y los fraudes fiscales son cosa antigua en España, como la propia presencia de los Borbones, una dinastía fea, por más que de niños sean rubios y guapetones, tal y como aparecen en el magnífico cuadro de Goya “La familia de Carlos IV”. En el lienzo, que se puede contemplar en el Museo del Prado, podemos apreciar los cambios fisonómicos que experimentan con los años los miembros de esta familia. Y no cito a los Borbones por mi confesada tendencia republicana, sino porque tienen papel de protagonista en asuntos muy actuales, como el caso Nóos, que se juzga en la Audiencia de Palma de Mallorca y también, como no podía ser de otro modo, en los papeles de Panamá, y no solo ellos si no, como viene ocurriendo desde Isabel II para acá, también los amantes, en este caso la falsa princesa alemana, multimillonaria gracias al saqueo de nuestras arcas públicas, y a algunas comisiones recibidas por actuar, presuntamente, como “conseguidora” de contratos ante los sátrapas de Arabia Saudí. De la fealdad de la Familia Real Española nos habla Giuseppe Tomasi di Lampedusa, en su única pero gran novela “El Gatopardo”, obra muy citada por políticos y académicos de la izquierda, -que no la han leído, pero quizás vieron la película de Visconti-, cuando tienen que hablar de grandes cambios institucionales que no son tales, pero cuya puesta en escena es muy vistosa, como lo fue la propia transición española. El lector avezado ya sabe que me refiero a aquello de que hay que cambiar todo para que no cambie nada, es decir que los que mandan lo sigan haciendo, y que los muy ricos salven su patrimonio y les de tiempo a poner a buen recaudo sus capitales. Pero no era esa la cita a la que quería referirme, sino a cuando Fabricio, príncipe de Salina, recuerda sus visitas a los palacios de los Borbones en Nápoles, para ser recibido en audiencia por el monarca, y en las que tenía que recorrer “interminables salas de magnífica arquitectura y mobiliario repugnante –precisamente como la monarquía borbónica- a lo largo de pasillos sucios y escaleras descuidadas”.

Y ya que he citado una película, nos podíamos imaginar, si la tragicomedia de nuestra crisis política tuviera entidad para ser llevada a la pantalla, la escena principal del film ambientada en el Palacio de Oriente, y a los representantes de los viejos partidos del turno charlando animadamente con el Rey, mientras al fondo, en otro salón, una orquesta interpreta para la ocasión el Vals número dos de Shostakovich. En otra escena, de esas que empiezan ocupando la mitad de la pantalla, pueden aparecer los nuevos aspirantes a gobernar, rodeados de sus colaboradores, y en una estancia lateral la muchedumbre-corte de empresarios, clérigos y militares deseosos de incorporarse al baile y agradar a los nuevos estadistas. 

En otros escenarios, estos más reales, se ventilan asuntos de Estado entre negociadores de los  partidos que hasta el momento han dirigido nuestros destinos desde el año 1982 para acá, es decir, PSOE Y PP,  por si acaso se ven abocados al desalojo de los ministerios y de otras altas instancias, como el Tribunal de Cuentas, Consejo General del Poder Judicial, Defensoría del Pueblo, Fiscalía General del Estado, Consejo de Estado, RTVE, empresas públicas, fundaciones, patronatos, embajadas, y una larga lista de entidades en las que el bipartidismo mantiene sus equilibrios y pactos, así como el reparto de mullidos sillones y sueldos y dietas de escándalo, por aquello de no pisarse la manguera entre bomberos. Alguien les debe de haber dicho que preparen estas cosas con sigilo y orden. 

A continuación les pongo un ejemplo de cómo se hacen acuerdos entre instituciones gobernadas por PP y PSOE, de coste millonario, con la mayor elegancia y sin reprocharse nada, pues lo cierto es que, aunque hayan dicho cosas distintas a lo largo de los años, por debajo de la mesa estaban intercambiando cartas como los más experimentados tahúres. 

Me refiero al gran escándalo de la playa del Algarrobico, situada en el Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar, con el controvertido hotel construido en la misma, y a la sentencia reciente del Tribunal Supremo que resuelve definitivamente una sucesión de pleitos y recursos que tuvieron su inicio en el ya lejano año de 2003. Han sido muchos años de sinvergonzonerías de unos y otros, pues desde el minuto uno del proyecto se sabía que era una monstruosidad medioambiental y que todo lo que se ha realizado ha sido ilegal. Vivimos en el país de la impunidad, pero existe suficiente materia, según la propia sentencia, para que de oficio la Fiscalía actuase y pidiese prisión para alcalde que dio la primera licencia a sabiendas que no podía hacerlo y también para las autoridades autonómicas que han hecho la vista gorda o protestaban con la boca chica. Pues bien, después de todo esto resulta que  en cuestión de un par de días se produjo el acuerdo, para repartirse los costes del derribo y restauración medio-ambiental de la playa, entre la Junta de Andalucía y el Ministerio de Fomento, a cuyo frente, dicho sea de paso, está la única ministra-o con preparación y competencia del gobierno. 

Escuché no hace mucho un programa de radio dedicado a lo que fue la gran infracción urbanística citada y al monstruoso atentado medioambiental perpetrado en un espacio natural protegido. Entre otras voces se escuchó la del consejero de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, un tal José Fiscal, y, sin despeinarse arremetió contra la corporación de Carboneras y también contra todos los que han conculcado las leyes a lo largo de estos años, con olvido de que ha sido el propio gobierno andaluz quien a veces ha recurrido resoluciones judiciales que rechazaban la construcción. Tal y como ocurrió durante los años  de Gil y Gil y sucesores en Marbella, de saqueo de las arcas públicas de Marbella y de construcciones en zonas verdes o no urbanizables, resulta que nunca la Junta de Andalucía paralizó una obra ilegal. A veces, para disimular, imponían una multa al Ayuntamiento infractor, pero sin ordenar el derribo de lo construido ilegalmente. 

La victoria judicial, de quienes se han opuesto a esta violación de la Ley de Costas y demás normas que protegen los parques naturales, ha sido posible gracias a la perseverancia y trabajo desinteresado todos estos años, de un abogado singular, José Ignacio Domínguez, el mismo que en el ya lejano año de 1975 se vio obligado a convertirse durante unos años en exilado político español. La sin razón no fue otra que la de su pertenencia a la Unión Militar Democrática, a la que se había unido en su condición de capitán del Ejército del Aire, en el que había realizado ya una brillante carrera como piloto de reactores; era, en el momento en el que vio truncada su vida profesional, instructor de vuelos en la Base Aérea de Getafe. Cuando pudo regresar a España se encontró expulsado del Ejército y con dificultad para encontrar un trabajo digno, en aquella  “modélica” transición a la democracia, que se olvidó de quienes solo aspiraban a unas fuerzas armadas muy profesionales y alejadas de la política. Tardó aún unos cuantos años en poder ingresar como piloto en Iberia, y, entre vuelo y vuelo, pudo dar rienda suelta a una vieja afición por el mundo del Derecho. Antes de ocuparse de la guerra jurídico-ambiental libró otras batallas, como la de reivindicar justicia para sus compañeros de armas también expulsados del Ejército; la verdad es que ninguno de ellos consiguió ver rehabilitada plenamente su profesión, ni les fue permitido volver a los cuarteles; a lo sumo derechos pasivos y un reconocimiento de categoría. Entre aquellos militares demócratas había un toledano algo especial: Restituto Valero, nacido en 1936 en el Alcázar de Toledo, al ser su padre uno de los sublevados, pronto hará ochenta años. 

En esta España, en la que incluso quienes se dedican presuntamente a denunciar la corrupción en los tribunales están inmersos en el fango de la podredumbre y las extorsiones, resulta cuando menos una bocanada de aire fresco, el saber que hay ciudadanos, puede que algo Quijotes, que dedican lo mejor de sí a causas nobles, no solo sin cobrar un euro por ello, sino, y me consta en este caso, aportando constantemente dinero para sufragar los costes de las desiguales batallas, frente a enemigos muy poderosos y con muchos medios económicos.   
17:38.
26/04/2016
Los "godoy", los "serrano", los "olózaga"... .
"La Familia de Carlos IV" Que, según dejó escrito el confesor de la Reina, "ninguno de los 21 hijos que tuvo, lo eran del BORBON". Y si seguimos con la Isabelona... En fín don Isabelo, que le voy a decir a Vd. que no sepa.
Enviado por: Juan del Arrabal
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