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DE MEMORIA

Año de aniversarios intempestivos

19/05/2016 . Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a del.icio.usAñadir a YahooRSS
Seguro que los lectores han tenido noticia, a través de los medios de comunicación, de que el diario El País -ahora con tilde, tras muchos años de chulería cateta- ha cumplido cuarenta años, lo que supone una buena noticia para el mundo del periodismo y para la sociedad en general. Era previsible que aquel diario, nacido de un gran acuerdo político-económico, realizado en las postrimerías del franquismo entre oligarquías y poderes del propio régimen, tuviera larga vida, como el propio bipartidismo por el que se apostaba. En los sectores más ultras de la tiranía franquista no se veía con simpatía el nacimiento de un diario que venía a romper con un estado de cosas, en el que los distintos grupos que sostenían aquello del espíritu del 18 de julio se repartían sin competidores el negocio de la prensa.

Para lectores más jóvenes, y sintetizando mucho, diremos que los diarios de ámbito nacional, a la altura de 1975, eran más o menos los siguientes: Arriba, portavoz de la Falange, El Alcázar, portavoz de los excombatientes o sectores más ultras, y Pueblo, portavoz de los sindicatos verticales; los tres más o menos vinculados a los aparatos políticos y burocráticos del propio régimen. Con perfil más o menos independiente y capital privado, pero con “adhesión inquebrantable al Caudillo”,  estaban el diario Ya, editado por la Editorial Católica y que representaba de modo institucional a la propia Iglesia española; ABC, propiedad por entonces exclusiva de la familia Luca de Tena y que era portavoz de todos los grupos monárquicos que habían contribuido a la victoria de Franco en 1939. Además de los anteriores sobrevivía en Madrid con apuros el viejo diario Informaciones, y que trataba de mantenerse distante de los sectores más recalcitrantes a la espera de tiempos mejores. Con perfil propio y potente se mantenía en Barcelona La Vanguardia. A lo anterior había que sumar una larga lista de cabeceras de periódicos de ámbito local o provincial, en muchos casos fundados por el propio régimen y que, al igual que había ocurrido en la capital del Estado, también se habían constituido tras la incautación de los diarios republicanos y socialistas, así como la liquidación física o el encarcelamiento de unos cuantos centenares de profesionales del periodismo, la mayoría muy olvidados hoy. La disidencia en el mundo informativo estaba encarnada por varios semanarios, en algunos casos auspiciados por personalidades desgajadas del propio régimen, como lo eran Cuadernos para el diálogo, Triunfo y Sábado Gráfico; a este grupo se vino a sumar en 1971 la emblemática Cambio 16.  Los tropiezos con la censura de estos últimos medios de comunicación citados darían para varios libros.

Así estaban las cosas, y, en los planes de los sectores aperturistas del régimen, en particular tras la muerte de Franco, no estaba previsto ir muy lejos en lo tocante a la prensa. Aunque en el imaginario colectivo ha quedado la idea de que El País nació independiente y progresista, lo cierto es que si nos atenemos a los hechos y datos la realidad es muy otra. Claro que, al lado de lo que era aún el régimen franquista en 1975, cualquier cosa suponía un avance. El diario llamado a encarnar “los valores de la transición” había sido ideado por Manuel Fraga Iribarne, en los tiempos en que estaba en Londres de embajador, una vez que consiguió recomponer relaciones con ciertos personajes del mundo económico próximos al Opus Dei, y, en particular con el exitoso empresario del negocio editorial (Santillana), el después todopoderoso Jesús de Polanco, en particular tras la llegada de los socialistas al poder en 1982. Poco a poco, en 1975, se fue articulando el proyecto, y, tras la negativa de Miguel Delibes, la dirección le fue ofrecida a un joven periodista, con pedigrí familiar falangista, que estaba llamado a ocupar los más altos destinos en el aparato de prensa y propaganda de la dictadura, en caso de haberse prolongado la vida de aquel ominoso régimen. No se puede decir que era un desconocido, pues ya por entonces era nada menos que jefe de los servicios informativos de RTVE, con aparición en los telediarios, un cargo que no lo podía ocupar sino alguien de la más absoluta lealtad franquista y en particular al gobierno que lo había nombrado, el presidido por Carlos Arias Navarro;  en fin, un tal Juan Luis Cebrián, hoy multimillonario a pesar de haber llevado a la bancarrota al grupo empresarial que dirige: PRISA. 

En cuanto al equipo editorial también nos encontramos con gentes de la más absoluta confianza de Manuel Fraga, como era su antiguo colaborador Ricardo de la Cierva, y lo más a la izquierda que se podía encontrar en los primeros tiempos, en aquel grupo que impartía la doctrina del cambio desde las páginas del rotativo, era Rafael Arias Salgado, poco después ministro de UCD, diputado cunero por Toledo, y más tarde también ministro con el PP de José María Aznar. Como intelectuales firmantes de artículos se incorporaron, muy al principio, López-Aranguren, Laín Entralgo y Julián Marías, y como aportador de apellido ilustre un hijo de Ortega y Gasset, José Ortega Spottorno, por aquello de enlazar con lo que había sido el diario El Sol, aquel en el que el filosofo publicó, a finales de 1930, el célebre artículo “El error Berenguer” y que finalizaba con la lapidaria Delenda est Monarchia; pero los tiempos eran otros y El País, que usurpaba la denominación del viejo diario republicano de Roberto Castrovido, nacía para todo lo contrario, es decir, para consolidar la jefatura del Estado en el sucesor de Franco, Juan Carlos de Borbón.  

Por entonces, hace cuarenta años, nadie podía imaginar que aquella empresa, exitosa durante más de dos decadas, acabaría a merced de unos desaprensivos fondos de inversión como el neoyorkino Amber Capital (15% de las acciones), y con una caída del valor de sus acciones del 95%. El futuro del diario es más que incierto, tras haberse cargado lo mejor que tenía: una plantilla integrada por periodistas especializados en todos los ámbitos informativos, a los que ha sustituido por jóvenes con empleos precarios y mal pagados, bajo una dirección muy doméstica, en manos de un antiguo jefe de prensa de la Casa Real, en un intento de afianzar lazos institucionales y recuperar capacidad de influencia política, al día de hoy prácticamente inexistente. A pesar de todo, el grupo intenta, con los festejos del aniversario, recuperar protagonismo mediático y capacidad de influencia, tratando de  que le sean reconocidos sus servicios a la democracia española. Es tarde para todo, en particular porque la sociedad española tiene graves problemas a los que atender, y la clase política actual, de uno u otro signo, poco o nada tiene que agradecer al diario del señor Cebrián, cuyo precario prestigio se ha visto aún más disminuido tras aparecer su nombre asociado a los papeles de Panamá; a esto hay que añadir la polémica sin cerrar por sus fabulosas retribuciones, que, por cierto, fueron acordadas por un consejo interno de retribuciones presidido por su amigo Gregorio Marañón

En esta impostura de normalidad democrática que vivimos resulta que casi nadie se acuerda de aquel inicio de transición, en cuyo relato habría que incorporar episodios poco edificantes; debe ser por lo mismo que no hay nada oficial que festejar, y, con el aniversario de El País se trata de suplir la indolencia institucional, en la que incluimos también la académica. 

Hay otros aniversarios aún más incómodos, como lo es el treinta del referéndum convocado por Felipe González para legitimar nuestra entrada en la OTAN; de aquello nació Izquierda Unida, que tampoco celebra nada, no sabemos bien si por incompetencia y falta de memoria del equipo de Alberto Garzón, o por una voluntad deliberada de enterrar esa memoria en aras de aparecer ante Podemos sin pesadas mochilas. Hay otros aniversarios aún más incómodos, como lo es el de la muerte en Madrid, en marzo de 1986, de José Martínez, el fundador y director de la mítica editorial Ruedo Ibérico, domiciliada en París hasta el final del franquismo y que publicaba todo aquello que la censura española no dejaba pasar. En la España de la transición no había lugar para quienes no aceptaban las condiciones y reglas de juego impuestas por el poder, y aceptadas por la izquierda del consenso. Decidió Pepe Martínez quitarse de en medio, y eligió una fecha, precisamente la del día del referéndum OTAN. En el gobierno había por entonces antiguos amigos, a algunos los había ayudado en París; murió pobre, arruinado, sin reconocimiento alguno por su labor y lucha por la libertad. En su mesa de trabajo dejó abierto uno de los tomos del Diccionario de uso del Español de María Moliner. En fin, como decía en el titulo, este es un año de aniversarios intempestivos.   
18:42.
19/05/2016
Vd. si podría.
Sí, sí, ya se que mas sabe el diablo por viejo que por diablo pero, si me permite, hoy aquí cariñosamente, cambiaría los términos. No se si queriéndolo o no, saca Vd. a mientes (aunque en un ángulo en tercera generación, -¡ay el ADN, el ADN! que diría el gran endocrino!) aparece parte de la escuadra -¿masónica?- dejándose fuera al magnífico Pérez de Ayala.
¿Escribirá Vd. algún día sobre la no viabilidad, ya propia o de heredad, de la escuadra Marañón-Ortega-P. de Ayala? Yo lo he intentando con su nuera Conchita, pero no hay forma.
Enviado por: Juanelo del Arrabal
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