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 CAPILLA SIXTINA JESÚS FUENTES LÁZARO 
CAPILLA SIXTINA

Cuestión de credibilidad

07/12/2016 . Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a del.icio.usAñadir a YahooRSS
Según los resultados de un “Observatorio” reciente de un medio de comunicación nacional el problema central del PSOE es la carencia de credibilidad. Alguien pudiera pensar que tales carencias se deben a los últimos acontecimientos sufridos por este partido, que se han sumado, pero se remonta a años atrás. Hay que situarse en la última etapa del segundo mandato de Rodríguez Zapatero. Primero, no fue capaz de ver la crisis que se avecinaba ni calcular la dimensión catastrófica que se anunciaba. Segundo, cuando se le echó encima el desastre, reaccionó de la peor manera posible: modificó la Constitución con agravantes de urgencia y alevosía de verano. Esa decisión, en lugar de haber convocado unas elecciones, fue el piloto automático que saltó en los ciudadanos que habían confiado en el PSOE. En el peor de los momentos el presidente se puso histérico y se descubrió que no era confiable. Aquello supuso un desencanto traumático y desgarrador que en algunos se tradujo en un odio permanente y en otros, la mayoría, en desconfianza. La pérdida de la credibilidad en la política generó el descontento que se plasmaría en la calle con protestas y manifestaciones. Se estaban conformando las corrientes que marcarían el origen de Podemos.
 
Aunque el nacimiento de Podemos se presentó como la expresión de los ciudadanos indignados, los organizadores del partido llevaban años preparando el tinglado. Algunos, que posteriormente serían dirigentes,  habían colaborado con el PSOE y, los más, con Izquierda Unida, sobre todo con el Partido Comunista. Sin embargo no habían encontrado hueco en ninguno de esos ámbitos, pues las estructuras de esas organizaciones estaban reforzadas con hábitos de “centralismo democrático” e intereses de poder personal por lo que no se admitían fácilmente ni advenedizos ni competidores. Los dirigentes de Podemos veían a los partidos de izquierda, sobre todo a los comunistas, envejecidos en un desierto ideológico sin horizontes. Por otra parte, por su actividad profesional, habían entrado en contacto con los movimientos populistas de Latinoamérica (bolivarismo, chavismo, peronismo, castrismo, kirchnerismo). Descubrieron un nuevo lenguaje que exportar a España. Un populismo de fraseología de izquierdas podría encontrar fácilmente un nicho electoral entre las gentes de la diluida IU y entre los desencantados del PSOE. Solo era cuestión de recuperar los viejos dogmas marxistas, rejuvenecidos, eso sí, con actitudes rompedoras y antisistema.
 
La aparición de un partido que pretendía recoger a los desencantados del PSOE puso a éste de los nervios. Y empezaron a acumularse errores. Como suele suceder en las crisis de los partidos, en lugar de analizar las causas de la pérdida de credibilidad, se dedicaron a buscar un líder que les sacara del atolladero. Y, para parecer más  democráticos e innovadores, implantaron una cosa que llamaron elecciones primarias, con los riesgos que este sistema comporta. Uno de los riesgos, tal vez el principal, consiste en que el líder elegido por los militantes se considere legitimado para hacer lo que le parezca conveniente. El líder sólo rendirá cuentas ante la Historia o, si es discretamente religioso, ante Dios, que es más abstracto aún. Entre tanto, se relacionará directamente con los militantes, sin necesidad de intermediarios. Para demostrar esa disposición a la comunicación directa entre el líder y los militantes se puso en marcha, por ejemplo, un referéndum interno sobre el acuerdo entre PSOE y Ciudadanos. Si, a partir de esta relación directa entre líder y militantes, había que ir contra una parte del partido, concretamente responsables territoriales, algunos de ellos presidentes de Comunidades, se iba. Lo de menos serían los costes. Lo que importaba era la relación entre el líder y los militantes que le habían elegido. En esa deriva, de indudable matiz populista, el líder modificó su retrato. De ser un hombre moderado, más bien de derechas, pasó a querer representar a la izquierda toda, a los radicales, a los antisistemas, a los nacionalistas y hasta a los soberanistas, de derechas o de izquierdas. Un discurso semejante del líder del PSOE le conviene al partido emergente, Podemos, que busca, como ya ha ocurrido en el PC, un enfrentamiento entre los dirigentes y los militantes (de corazón) del PSOE. Una confrontación de tal entidad asegura una división en el PSOE que se incrementaría con la falta de credibilidad que inspira un partido a la greña.
 
El PSOE, si quiere sobrevivir, tendrá que recuperar esa credibilidad que se ha dejado en girones en los últimos años por errores variados. ¿Cómo lo hará? ¿lo hará recurriendo al discurso vacío de patrioterismo partidario y mensajes falsamente unitarios? ¿recurrirá de nuevo a un líder salvador sin tocar lo más mínimo las estructuras internas y de participación de los militantes en la toma de decisiones políticas y en la gestión ordinaria? ¿lo hará con gentes cuya supervivencia política se relaciona más con una nómina que con un proyecto transformador de la sociedad? Es el reto de los siguientes meses. La recuperación de la credibilidad dependerá en gran parte de la inteligencia y el comportamiento de los dirigentes locales y territoriales. En un sistema en el que la izquierda se encuentra fraccionada, y con la presente configuración de los medios de comunicación, sólo será posible conquistar credibilidad desde las bases territoriales no desde un liderazgo que será negado, incluso antes de iniciarse. A la derecha no le interesa, aunque diga lo contrario, un partido socialdemócrata que sea una alternativa real. A Podemos, constituido para explotar el “momento populista” del presente, tampoco le conviene una recuperación de la confianza de los ciudadanos en el PSOE. Así que, casi todo queda por hacer. Sólo se requiere habilidad e inteligencia. Lo contrario, supondrá  seguir profundizando en la irrelevancia. 
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